Exposición Pictórica “Integrando”

Historía

En la segunda mitad del siglo XIX, la arquitectura francesa de la Escuela de Bellas Artes de París hizo eco e inspiró varias obras arquitectónicas en Bolivia. Una de ellas es, precisamente,  la Casa Dorada de Tarija, otrora mansión de los esposos Moisés Navajas y Esperanza Morales quienes encargaron su diseño y construcción a los arquitectos suizo-italianos  Miguel y Antonio Camponovo.

Iniciadas las obras en el transcurso de 1878, hubieron de pasar 15 años durante los cuales la pequeña población que entonces habitaba Tarija viera levantarse poco a poco, en el centro histórico de su ciudad,  la monumental construcción en la que se conjuncionaron materiales existentes en la zona  (grandes adobes de barro y paja, yeso, cal, piedra, madera rolliza) con otros importados de Europa y América (mármoles, cerámicas, vidriería de colores, etc.).

Y así, con suntuosidad en su arquitectura y ricamente equipada, el 3 de enero de 1903 los esposos Navajas abrieron las puertas de su mansión a la sociedad tarijeña.

El estilo de la Casa Dorada  se enmarca en los lineamientos del “art noveau”.     La simetría es característica de esta joya arquitectónica planificada minuciosamente tanto en los detalles estructurales como en la delicada y difícil ornamentación, la plafonería y pintura mural, siendo autores de estas dos últimas José Strocco, arquitecto y pintor  italiano, y Helvecio Camponovo, hermano de los  proyectistas y constructores.

Esta hermosa mansión atrae inmediatamente la atención por la limpieza  de sus líneas. Su exterior establece  un ritmo contínuo del cual son protagonistas los altos muros de la planta baja semejando una base rústica renacentista, y las puertas sucesivas con un extraordinario trabajo de intrincada filigrana dorada, escoltadas por pilastras y coronadas por arcadas de medio punto. Resume el conjunto la planta alta, que se suma a la clave decorativa con balconería en hierro forjado y extraordinarias pilastras de inspiración dórica soportadas por peanas. Un ejército de estatuillas triunfantes portadoras de antorchas, también conocidas como “victorias”,  culmina en la altura la motivación de júbilo y grandeza.

Impactan igualmente sus interiores presididos por un patio claustral a la usanza morisca, hacia el cual se proyectan centralmente los dos niveles de la residencia. Alrededor de este patio se distribuyen los ambientes,  conectados por galerías con columnas decoradas y arcos ojivales, pisos de piedra al estilo mudéjar, pinturas murales y plafonds pintados al óleo con escenas alegóricas de plena inspiración francesa.

Los ambientes de la planta baja, que originalmente fueran destinados por el propietario de la Casa Dorada para el funcionamiento de las nueve tiendas comerciales que poseía , hoy albergan el auditorio, la biblioteca-hemeroteca,  la galería de arte, el foyer de ingreso al Teatro de la Cultura  y las oficinas administrativas de la Casa de la Cultura de Tarija, institución a la que fue destinada esta mansión cuando, varios años después de la muerte de los propietarios,  la adquirió la Universidad “Juan Misael Saracho”, de Tarija.

En la planta alta donde -según se cuenta- pasean vigilantes los espíritus de los esposos Navajas, se conserva lo que quedó del riquísimo equipamiento de la residencia después de ser objeto de robos y saqueos ocurridos durante el largo tiempo que duraron los litigios en que  se enfrascaron aquellos que se consideraban herederos de los bienes de la pareja que no tuvo descendencia directa.

Impacta el salón principal, conocido como “Salón Dorado” por el color de los empapelados que cubren los muros, con su mobiliario de estilo victoriano, grandes espejos con lunas venecianas biseladas y marcos moldurados en pan de oro, alfombras persas, cortinas de damasco, arañas de cristal de roca y bacarat, , consolas de madera tallada, mármol  y ornamentos en pan de oro, y por la calidad de sus 12  plafonds pintados al óleo.

En el  gran comedor se conservan tapices persas,  cortinas de gobelinos, centros de mesa en ópalo, lámparas que combinan ópalo con cristal de roca y cristal tallado, esculturas en yeso cristal y parte de los muebles que pertenecieron a los propietarios.

Moisés y Esperanza Navajas eran profundamente católicos. No escatimaban sus donaciones a la Iglesia y a las obras de beneficencia. Ello, seguramente, fue parte importante de los méritos por los cuales Roma les concedió permiso para disponer en la mansión de un oratorio privado con autorización para celebrar ritos y ceremonias religiosas incluidas misas y matrimonios…….  Veintiocho escenas con la vida, pasión y muerte de Jesucristo pintadas en estilo ecléctico por los italianos Helvecio Camponovo y José Strocco constituyen los plafonds del oratorio , y dos grandes pinturas murales firmadas por el pintor colombiano Vegazo  se alzan en los muros laterales de este ambiente. En el altar de madera tallada con adornos en pan de oro, una cúpula alberga la imagen de la Virgen María.

Concitan especial atención  los cinco juegos de casullas dalmáticas bordadas a mano con hilos de oro y plata por las monjas del Vaticano, así como algunos ornamentos de uso antiguo..

En otra de las salas se hace rememoración del vestuario de la época. La elegancia de entonces se refleja en dos grandes  fotografías de  Moisés y Esperanza Navajas, en algunas réplicas del vestuario original de la pareja y en varios sombreros  que les pertenecieron y han sido restaurados.

Esta es sólo una breve síntesis de lo mucho que podemos encontrar en una visita a la Casa Dorada acerca de la que se han tejido muchas leyendas, por ejemplo aquella que  cuenta que en la terraza, el propietario, don Moisés Navajas, solía jugar taba con el diablo,  que le dejaba ganar las partidas para incentivar su codicia.  Lo cierto es que la imaginación era  fecunda cuando se trataba de imaginar aquello que no se podía conocer. Los esposos Navajas-Morales pertenecían a un cerrado círculo de amistades que sí tenían acceso al interior de la Casa, mientras que para el resto de la gente  las puertas de la mansión dorada se abrían sólo una vez al año, cuando ofrecían un “sarao” a las comparsas carnavaleras de la ciudad, pues los ricos esposos eran tradicionales padrinos de las carnestolendas tarijeñas.

Gracias a los muy importantes trabajos de restauración total de la Casa Dorada (que abarcan su arquitectura interior y exterior, los ambientes interiores, plafonds, pinturas murales, obras de arte y elementos decorativos) y con la implementación de las salas de vestuario y de fotografías de la época,  podremos transportar al visitante al periodo histórico durante el que Tarija alcanzó un enorme crecimiento y preponderancia comercial: la llamada “época del auge” que se reflejó  también en el desarrollo de la arquitectura del centro histórico de la ciudad, dentro del que la Casa Dorada de Tarija es el más imponente testimonio.

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